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Traduciré aquí en español unas cuantas de mis publicaciones.

Miércoles, 6 de Mayo de 2015



¿ Hay todavía razones para esperar el éxito de la COP21 ?

« Hay una brecha entre todas las intenciones (de compromisos) nacionales (de reducción de gases de efecto invernadero) y el camino que es necesario para prevenir un cambio climático peligroso ». A algunos meses vista de la COP21 , el economista Nicholas Stern quiso, el lunes pasado, recordar a los Estados del planeta el desafío imperioso que supone el acuerdo que debe ser hallado en París el próximo diciembre.  La cuenta de las reducciones de gases que provocan el efecto invernadero no está hecha y el tiempo apremia.  

Según el análisis del economista, las emisiones mundiales deberían estar cercanas a  35  miles de millones de toneladas de equivalente de CO2 de aquí al 2030. Teniendo en cuenta los compromisos conocidos de los diferentes países que estarán en Paris, no deberían superar 23 miles de millones para, de esta forma, limitar el calentamiento climático a 2°C. La Agencia Internacional de Energía publicó  el pasado noviembre un informe prospectivo en el cual preveía un escenario catastrófico con un aumento de la temperatura de 3,6°C a  final del siglo. Por el momento, los Estados-Unidos, China y la Unión europea han anunciado sus objetivos cifrados para el 2030 (lo que representa entre 21 y 22 miles de millones de toneladas de equivalente de CO2).

Sin esperar a que otros grandes países emisores como Australia, Japón, Brasil o Canadá den a conocer sus propios objetivos en Bonn el próximo junio, la partida parece ya mal empezada.  ¿Hay que darse por vencido  de la utilidad de la COP21?  No, dice de manera clara Nicholas Stern, que quiere creer que un buen acuerdo puede ser hallado: "Queda tiempo antes de París (para reforzar el acuerdo potencial)" ¿Porque tal optimismo? ¿Cuáles son las razones para esperar todavía? Primer punto: todos los observadores están de acuerdo en decir que todos los estados quieren un acuerdo, aunque sea de mínimos. Los países emergentes no pueden  adoptar más la actitud que hicieron suya en Copenhague denunciando que la responsabilidad es de los países desarrollados. Porque hoy día ellos forman parte de los grandes emisores del planeta. El increíble desarrollo económico de China ha sido acompañado por un incremento comparable en el consumo de energía basada principalmente en las energías fósiles. El carbón cubre así 70 %  de las necesidades energéticas del país, convirtiendo China en el primer emisor de CO2 del planeta. Las emisiones de China per cápita superan ahora aquellas de ciertos países europeos incluyendo Francia. Además, hoy día, la situación energética no es más sostenible para China habida cuenta de su dependencia energética de otros países e, al igual que en la India, los problemas de calidad de aire y sus consecuencias sanitarias para la población.
Asimismo, China concluyó un acuerdo el pasado noviembre sobre el clima con los Estados Unidos, fuera de la COP21. Los chinos se han comprometido a bajar sus emisiones a partir de 2030 mientras que los americanos reducirán sus emisiones actuales entre un 26 % a un 28 % hasta 2025. Se trata de una señal importante de los dos países que representan casi la mitad de las emisiones de gases de efecto  invernadero del planeta. Es verdad que los objetivos son insuficientes por lo que se refiere al clima, pero es la primera vez que los dos protagonistas, tradicionalmente opuestos en las negociaciones climáticas, se entienden. Además, se han preocupado de añadir que se trata de un primer paso.
Otra razón para esperar el éxito de la COP21 : la bajada considerable de los precios de las renovables. "El coste de la producción de electricidad de origen renovable ha alcanzado la paridad o queda por debajo del precio de los combustibles fósiles debido a numerosas tecnologías extendidas en muchas partes del mundo" afirmaba así la Agencia Internacional de la Energía Renovable (IRENA) en un informe publicado el pasado enero. De la misma manera el precio de la electricidad solar se hundió un 65 % entre 2010 y 2014.
Para terminar, la última señal positiva para la COP21: el movimiento de los mercados fiancieros que comienza. Prudente a partir de ahora en las inversiones con altas emisiones de carbono, ella misma empieza una retirada de tales inversiones. Así, el fondo soberano más grande del mundo, el fondo noruego, considerado como el primero de la fila en inversión responsable, se ha separado de 53 empresas activas en el sector del carbón.
Después de algunos meses, un movimiento nacido en los Estados Unidos y bautizado “Fossil Free” empuja a los inversores a abandonar sus inversiones ligadas a los combustibles fosiles. En septiembre, la Fundación Rokcfeller, cuya familia del mismo nombre ha construido la mayor parte de su fortuna con el petróleo, ha decidido  retirar todos sus fondos invertidos en las energías fósiles para orientarlos en las energías renovables. Las consideraciones no son solo éticas y medioambientales sino también financieras. Porque existe a largo plazo un riesgo de carbono. Disponemos efectivamente de tres veces más de reservas de combustible fósil que no podremos usar si queremos limitar el calentamiento global. La periodista Emma Howard en el Guardian subraya que hay un riesgo de crear una “burbuja carbono” basada sobre los activos financieros que podrían resultar inutilizables habida cuenta de los compromisos de los estados y de la posición de la sociedad civil. La Banca de Inglaterra realiza un estudio actualmente para saber si la sobrevaloración  de los activos podría hundir el mundo en una nueva crisis económica comparable a la de los "subprimes".
 
Por supuesto que las ONG consideran, acertadamente, que este movimiento es todavía muy limitado. Por supuesto que los anuncios de los compromisos de los Estados de reducción de los gases de efecto  invernadero no están a la altura de los desafíos. Por supuesto que el Senado americano es hoy día predominantemente republicano y por lo tanto reservado en cuanto a los compromisos en favor del clima. Por supuesto que la ayuda para la adaptación de los países en desarrollo es ampliamente insuficiente y se corre el riesgo de socavar su compromiso. Pero, la COP21 debería poder dar una señal fuerte al conjunto de los 190 países que estarán presentes en París. Eso será un paso, un primer paso que no deberá satisfacernos. Deberá entrañar otros pasos más fuertes aun.
 

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